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A dos años de su muerte Néstor Kirchner llega a “mito nacional”

El aparato propagandístico del gobierno argentino ha creado una aureola legendaria para el ex presidente, con una biografía sesgada y con la proliferación de su nombre en calles, plazas y obras públicas de todo el país.

Hace exactamente dos años, los argentinos recibían una de las noticias más “shockeantes” en muchas décadas: inesperadamente moría Néstor Kirchner, a los 60 años de edad.

Si bien había sido sometido a dos operaciones de arterias, se lo veía recuperado y activo como siempre. Desoyendo a los médicos, unos días antes había viajado a Nueva York, para acompañar a su esposa Cristina, que participaba en la asamblea anual de las Naciones Unidas. Y lo cierto es que, al menos por la información que se dejaba trascender sobre su salud, nada hacía prever que se encontrara en riesgo inminente una crisis cardíaca.

De manera que la sorpresa fue mayúscula en aquel 27 de octubre, que era feriado porque se realizaba el censo nacional.La muerte de Kirchner fue de esas que cambian radicalmente el panorama político nacional. Primero, porque era el seguro candidato oficialista para las elecciones del año siguiente. Segundo, porque hasta ese momento se consideraba que el gobierno de Cristina era en realidad un “doble comando”, según la expresión creada por Eduardo Duhalde.

Lo que se percibía era que él tomaba las decisiones trascendentes en materia económica, mientras que ella asumía el rol más formal y ceremonial.Pero, sobre todo, la muerte de Kirchner inició una nueva etapa en la que afloró una militancia juvenil que mezcló la vieja mística de los años ’70 con los recursos comunicativos que permite la comunicación de la Internet 2.0. El velatorio de Kirchner en la Casa Rosada, con la afluencia de una multitud acongojada, dio nacimiento a una nueva base de sustento político para el kirchnerismo, que hasta ese entonces debía “pedir prestada” la militancia a la central sindical CGT cuando quería realizar actos masivos.

Nace una leyenda
Hace dos años, nacían dos hechos fundamentales para entender el presente de la Argentina. Uno de ellos fue el liderazgo de Cristina, que ya sin “doble comando” debía rendir examen sobre su capacidad para gobernar en solitario, y al mismo tiempo se liberaba de la sombra de su marido para poder liderar a la tropa peronista.El otro nacimiento fue el del mito de Néstor Kirchner.

Que a partir de ese entonces pasó a contar con características no exactamente iguales a las que tenía en vida. Líder carismático, peronista hasta la médula, paladín de los derechos humanos, opositor tenaz de las políticas neoliberales de los años 90, ideólogo de la unidad latinoamericana, defensor de la libertad de expresión contra el avance de los grandes multimedios…

Todo eso ha pasado a ser Kirchner para sus seguidores post-mortem. Poco importa que quienes lo conocieron de cerca en su carrera política como gobernador de Santa Cruz y en su llegada a la presidencia tengan un punto de vista totalmente divergente. Entonces, son descartados o minimizados datos irrefutables del pasado, como el hecho de que haya compartido actos con mandos militares durante la guerra de Malvinas, o que haya sido el alumno preferido de Domingo Cavallo en los ‘90 ni que haya mantenido un pacto con el grupo Clarín.La construcción del “mito Kirchner” ha sido uno de los principales logros de Cristina y su grupo de apoyo “La Cámpora”.

Fue hecho sobre la base de un incansable trabajo cotidiano que no escatima recursos militantes ni financieros.En el segundo aniversario de su muerte, habrá una multitud de actos recordatorios, programas de homenaje en radio y TV y apologías diversas.Es el complemento para una saga que comenzó prácticamente el día de su funeral.

Desde entonces, no ha parado de crecer la lista de lugares rebautizados con el nombre “Néstor Kirchner”, incluyendo plazas, calles, clubes, centros de estudios, estadios deportivos, parques industriales, locales de dependencias públicas y escuelas en todas las provincias del país.

Los dos torneos de fútbol de 2011, televisados gratuitamente por el canal público, llevaron su nombre.Y una de las obras públicas más ambiciosas que encara el gobierno, una represa hidroeléctrica en Santa Cruz (será inaugurada en 2018, tras una inversión de unos 4.500 millones de dólares) también será bautizada como el ex presidente.Cristina se ocupa de recordarlo casi a diario. No sólo por haber inaugurado un memorial anexo a la Casa Rosada, ni tampoco por vestir un permanente luto.

La mención es explícita en los discursos presidenciales, donde es aludido simplemente como “él”.A veces risueña al recordar anécdotas juveniles, otras veces emocionada y con la voz quebrada, Cristina no cesa de referirse a su difunto esposo, en cuyo nombre justifica el rumbo de su política. Tanto que, el día de su reasunción, alteró la fórmula tradicional del juramento y dijo: “Si así no lo hiciere, que Dios, la patria y él me lo demanden”.

Tan iguales, tan distintos
Lo irónico del caso es que Cristina tiene un estilo radicalmente diferente al de su esposo, tanto en el estilo personal como en la forma de conducción política. Y los analistas suelen destacar cómo cuanto más lo pondera, más se aleja de los preceptos que caracterizaron a su período presidencial 2003-2007.En lo personal, Kirchner era hiperactivo, famoso por llamar a los funcionarios a primera hora de la mañana, así fuera día hábil o feriado.

Siempre trataba de rehuirle a los compromisos formales, tales como inauguraciones de plantas industriales privadas, que lo aburrían.Tanto que en ocasiones caía en desplantes de ribetes diplomáticos, como el famoso plantón a Carly Fiorina, ex presidente de Hewlwtt-Packard y entonces considerada la mujer más poderosa del mundo, que se retiró ofuscada de la Casa Rosada tras una hora de “hacer pasillo”.

Cristina es lo opuesto: entiende y valora la posibilidad de capitalizar políticamente esos actos. Al punto que no se pierde ninguno, ni los del ámbito empresario ni las fotos con figuras del espectáculo o el deporte.A diferencia de Néstor, que tenía una oratoria pobre y deslucida, Cristina es elocuente y pronuncia discursos casi a diario, donde despliega su capacidad de desarrollar argumentos (memorizando decenas de cifras) y al mismo tiempo dejar traslucir sus sentimientos, al punto de quebrarse y llorar.Para los analistas, si hubiera que marcar una diferencia fundamental, es que Néstor era pragmático, y si bien podía ser duro en sus críticas era capaz de sentarse a negociar con los adversarios.

En cambio, Cristina tiene fama de rencorosa, es totalmente reacia al diálogo, y no sólo respecto de sus rivales políticos, sino hasta en la propia interna.Quienes lo conocían suelen recordar que Kirchner prefería acercarse a aquellos a los que temía, de manera de neutralizar su peligro y transformarlos en aliados. Los dos casos paradigmáticos fueron el multimedios Clarín y el líder sindical Hugo Moyano. Cristina, en cambio, entró en guerra abierta con ambos.Pero la diferencia más profunda trasciende a los estilos, y tiene que ver con las políticas. Kirchner se enorgullecía de su política pro-industrial con un tipo de cambio alto.

En cambio, Cristina pondera las ventajas de un dólar barato con argumentos que hacen recordar a los tiempos de Carlos Menem.Kirchner, por otra parte, era conocido por su austeridad obsesiva. Sus íntimos cuentan que tenía un cuaderno donde, al mejor estilo del almacenero, anotaba a diario los datos de la recaudación impositiva y las reservas del Banco Central.

El superávit fiscal era su orgullo. Cristina, en cambio, padece su déficit que no logra disimularse siquiera con la saga de estatizaciones y con el aumento inédito de la presión impositiva.Así, en ese juego de iguales y opuestos, se construyó el poder político del kirchnerismo en los dos últimos años.
Mientras alimenta el mito del Kirchner indiferente a las frivolidades, que llevaba desprendido su saco cruzado y calzaba mocasines, Cristina profundiza su estilo glamoroso, sin abandonar los accesorios Louis Vuitton aunque haya que dar discursos sobre la crisis financiera mundial.

Cristina, en el sur y sin mega-acto
El masivo “cacerolazo” opositor de septiembre llevó a los militantes kirchneristas a pensar en la necesidad de dar una respuesta rápida que demostrara el apoyo político del gobierno. Desde la agrupación “La Cámpora” surgió entonces la idea de un mega-acto en la Plaza de Mayo, en coincidencia con el segundo aniversario de la muerte de Néstor Kirchner.

La idea generaba entusiasmo entre la militancia, pero la propia Cristina fue quien desactivó la iniciativa. Preocupada por las dimensiones de la demostración opositora y temerosa de que el clima de división social le pueda jugar en contra para las próximas elecciones legislativas, ordenó suspender el acto por considerar que podía agravar el mal clima imperante.

En cambio, autorizó la realización de una multitud de pequeños actos, de carácter “constructivo”, preferentemente en instituciones barriales, como forma de profundizar el lazo con su base electoral.En tanto, viajó a Santa Cruz, para pasar la fecha con su familia y concurrir al mausoleo construido para el ex mandatario.

Biografía de Néstor Carlos Kirchner

Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz, el 25 de febrero de 1950. su padre un funcionario de Correos, fue Néstor Carlos, descendiente de inmigrantes alemanes, y de María Ostoic, de familia de origen croata instalada en Punta Arenas (Chile).

Su primer filiación política fue la Juventud Peronista. Estudió derecho en la Universidad Nacional de La Plata y en 1975 se casó con la también militante justicialista Cristina Fernández.
Ambos formaron parte de la corriente izquierdista que apoyó a los Montoneros en los años turbulentos que precedieron al golpe de estado militar que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón.

Se graduó de abogado en 1976, regresando a su ciudad natal, Río Gallegos junto con su esposa.
A fines de 1983 fue designado presidente de la Caja de Previsión Social de Río Gallegos.

Gana las elecciones municipales de septiembre de 1987, desde el peronismo, desempeñando el cargo de intendente de la ciudad de Río Gallegos.
Luego, es candidato a la gobernación de Santa Cruz, ganando la elección con el 61 % de los votos el 8 de septiembre de 1991.

Alentó la inversión pública, generando obras en la provincia.
Reformó en dos oportunidades la Constitución provincial para que el gobernador pudiera ser elegido sin límite de mandatos.
En consonancia con la medida anterior, aumentó el número de jueces del Tribunal Supremo provincial. La libertad de prensa durante su mandato se vió recortada, a la par que el clientelismo fue impuesto.
Cuando fue elegido gobernador, en 1991, Kirchner recibió 630 millones de dólares de indemnización del gobierno federal, tras un juicio sobre los royalties financieros, a los que se añadieron otros 420 millones de dólares procedentes de las plusvalías generadas por la venta de las acciones que la provincia poseía en la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), adquirida por la española Repsol.

Los legisladores de Santa Cruz reclamaron sin éxito el paradero de dichos fondos. Finalmente, dijo que 531 millones de dólares se encontraban depositados en varias cuentas bancarias de Suiza y Luxemburgo.

Con una gran decepción popular, luego de los dos mandatos del ex presidente Menem y la partida del ex presidente De la Rúa, Duhalde, gobernador de la transcición no tuvo muchas opciones y apoyó a Kirchner, quien ganó la primera vuelta por un bajo porcentaje de votos.
Mantuvo parte del gabinete de Duhalde, en particular su ministro de Economía Roberto Lavagna. Sin embargo, cuando creyó que la economía estaba totalmente encaminada, echa a Lavagna y luego de poco mas de un año de dislates económicos, vuelve la inflación al país, algo que se creia definitivamente superado, al igual que el endeudamiento producto de compra de dólares con emisión monetaria y recompra de los mismos con emisión de Letras de tesorería, que generaron una deuda equivalente a la mitad de los fondos atesorados.
Se alineó con Hugo Chavez, presidente de Venezuela, quien lo apoya comprando bonos de deuda argentina, lo cual hace que caiga el riesgo país.
Entre las medidas más sorprendentes decretó el retiro de la mitad de los generales y almirantes y procedió a una amplia purga en la policía federal.
Canjeó parte de la deuda del país que estaba en default con una importante quita, que le valió un importante descrédito internacional al país, traducido en falta de inversiones de capital.
Derogó en julio de 2003 un decreto firmado por el presidente De la Rúa en diciembre de 2001 que prohibía la extradición de los militares nacionales reclamados por otros países y acusados de crímenes de lesa humanidad. Consiguió en agosto que las dos Cámaras del Congreso anularan las leyes de Obediencia Debida y Punto Final (1986 y 1987) y sus secuelas de impunidad para los autores y cómplices de las atrocidades del régimen militar.
Su gobierno se vió envuelto por una ola de denuncias de corrupción (Caso Skanska, el Ministro De Vido, la Ministro de Economía y su marido, la Secretaria de Medio Ambiente y otros). El pueblo, cansado de hechos de corrupción en el periodo de Menem, vió este rebrote de la misma, junto con el rebrote inflacionario como factores negativos.
Sin embargo, lo más catastrófico de su gestión fue la falta de previsión en materia energética dejando al país pro debajo del nivel de producción de energía en todas sus áreas (gas, electricidad y combustibles), frenando el crecimiento que el plan económico de Roberto Lavagna había generado.
Julio de 2007

Néstor Kirchner

Néstor Kirchner
(Río Gallegos, 1950 - El Calafate, 2010) Político argentino, presidente de la República entre 2003 y 2007. Néstor Carlos Kirchner Ostoic nació en Río Gallegos, capital de la provincia de Santa Cruz (Patagonia), el 25 de febrero de 1950, hijo de Néstor Carlos, descendiente de inmigrantes alemanes y funcionario de Correos, y de María Ostoic, de una familia de origen croata instalada en Punta Arenas (Chile).

Miembro de la Juventud Peronista, estudió derecho en la Universidad Nacional de La Plata y en 1975 se casó con la también militante justicialista Cristina Fernández. Ambos formaron parte de la corriente izquierdista que apoyó a los Montoneros en los años turbulentos que precedieron al golpe de estado militar que derrocó a la presidenta María Estela Martínez de Perón.

En 1976 recibió el título de abogado y regresó a Río Gallegos para ejercer la profesión, junto con su esposa, en un gabinete jurídico. Funcionario de la administración de la provincia de Santa Cruz, a fines de 1983 fue designado presidente de la Caja de Previsión Social de Río Gallegos. Durante los siete años tenebrosos de dictadura militar (1976-1983) se mantuvo aparentemente alejado de la política, aunque fue encarcelado en una ocasión por motivos que no especifica su biografía oficial.

Gobernador de Santa Cruz
En las elecciones municipales de septiembre de 1987, como candidato peronista, fue elegido intendente (alcalde) de Río Gallegos. Dado el éxito de su gestión, fue promovido por el Partido Justicialista a candidato para la gobernación de la provincia, cargo para el que fue elegido con el 61 % de los votos el 8 de septiembre de 1991.

Como gobernador aplicó una política neokeynesiana expansionista, de fuertes inversiones públicas, en contraste con la estrategia neoliberal y antiinflacionista del presidente de la república, el también peronista Carlos Saúl Menem, por lo que se ganó una reputación de político de centroizquierda dentro del variopinto conglomerado justicialista.

Reformó en dos ocasiones la Constitución provincial para que el gobernador pudiera ser elegido sin límite de mandatos. También aumentó el número de jueces del Tribunal Supremo provincial y sus protegidos se jactaron de haber amordazado a la prensa local. Mientras sus partidarios ensalzaban su eficaz gestión, sus adversarios lo acusaban de haber gobernado la provincia como un feudo, en el que todas las fuentes de riqueza y trabajo estaban en manos del gobernador y su clientela (más del 40% de los trabajadores son empleados públicos).

Cuando fue elegido gobernador, en 1991, Kirchner recibió 630 millones de dólares de indemnización del gobierno federal, tras un juicio sobre los royalties financieros, a los que se añadieron otros 420 millones de dólares procedentes de las plusvalías generadas por la venta de las acciones que la provincia poseía en la empresa Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF), adquirida por la española Repsol.

Durante varios años, los legisladores de Santa Cruz reclamaron inútilmente precisiones sobre el montante exacto de ese patrimonio o botín provincial. Presionado por la prensa en la campaña electoral, Kirchner informó el 13 de mayo de que 531 millones de dólares se encontraban depositados en varias cuentas bancarias de Suiza y Luxemburgo.

Carrera hacia la presidencia
El presidente Eduardo Duhalde se decantó explícitamente por Kirchner como candidato peronista y logró que el congreso del partido aprobara su estrategia de suspender la elección primaria y trasladar la liza de todos los aspirantes a la misma elección presidencial. Una maniobra destinada a impedir que Menem se alzara con la candidatura, pese al fallo de un juez federal con competencia electoral que prohibió la reforma de los estatutos del Partido Justicialista.

En sus proclamas electorales, Kirchner se presentó como adalid del ala izquierda del peronismo, reformista sin ambages y resuelto adversario del sistema neoliberal de sus predecesores. También prometió mantener en el cargo al ministro de Economía, Roberto Lavagna, al que se atribuía la ligera mejoría económica de los primeros meses de 2003.

En la primera vuelta de las elecciones presidenciales, el 27 de abril, el gobernador de Santa Cruz quedó en segundo lugar, con el 22% de los votos, detrás del también peronista Carlos Saúl Menem, que logró el 24%. Tras los de la provincia de Santa Cruz (60%), Kirchner obtuvo sus mejores resultados en la provincia de Buenos Aires (40 % de la población), gracias al apoyo decidido del presidente Duhalde y del poderoso aparato del justicialismo.

Ante unas encuestas que le eran muy desfavorables, Menem anunció el 14 de mayo su retirada de la carrera presidencial, lo que decidió la inmediata proclamación de Kirchner como presidente electo. La teatral capitulación de Menem, al abortar el proceso electoral, no sólo perjudicó la legitimidad del nuevo jefe de Estado sino que amenazó las instituciones democráticas ya duramente afectadas por la violenta revuelta popular, alentada por los peronistas, que derrocó ilegalmente al gobierno del radical Fernando de la Rúa en diciembre de 2001.

Antes de tomar posesión, el nuevo presidente visitó Brasilia y Santiago de Chile, donde obtuvo el respaldo de los presidentes Lula da Silva y Ricardo Lagos, respectivamente, para lograr la recuperación económica continental con una base social de centroizquierda. En su discurso de investidura, Kirchner reafirmó el papel central del Estado en el desarrollo económico, prometió una lucha «implacable» contra la corrupción y abogó por un reforzamiento del Mercado Común del Sur (Mercosur), que asocia a Argentina, Brasil, Uruguay y Paraguay.

La presidencia de Kirchner
Días antes de prestar juramento como presidente, Kirchner dio a conocer su cartera ministerial, en la cual mantuvo a cuatro ministros del anterior gobierno, entre ellos al titular de economía Roberto Lavagna, e incluyó a políticos de su absoluta confianza, en su mayoría justicialistas y algunos independientes. El nuevo equipo destacaba por un denominador común en su composición: políticos jóvenes (entre 43 y 53 años), ajenos a los círculos de poder tradicionales y portadores de una visión de Estado lejana al neoconservadurismo que había gobernado al país en los últimos años.

La herencia que Kirchner recibió el 25 de mayo de 2003 fue una deuda que ascendía a 178.000 millones de dólares y uno de los índices de paro, pobreza y marginación social más altos de la historia argentina. Sin embargo, desde el primer momento encaró con decisión la compleja situación del país e impuso un ritmo tan vertiginoso a las medidas iniciales que tomó que los medios de comunicación hablaron del "efecto" o del "estilo K". El nuevo presidente, ante los graves problemas sociales, políticos y económicos, se fijó como prioridades la vigencia de los derechos humanos, la lucha contra la corrupción y la revisión de las políticas económicas neoliberales, que habían contribuido a la ruina del país y el empobrecimiento de millones de argentinos.

En el plano interno su estrategia de gobierno se basó en el proyecto "transversal", consistente en alianzas extrapartidarias con dirigentes políticos a fin de combatir el caudillismo y los reinos de taifas del viejo peronismo, y en la afirmación de las instituciones del Estado y de la autoridad civil. En este sentido, apenas investido, hizo valer sus prerrogativas presidenciales y destituyó a decenas de generales, almirantes y brigadieres involucrados con la guerra sucia y los reemplazó por oficiales "comprometidos con el futuro". Otro tanto hizo en la policía federal y los servicios secretos, la SIDE, al tiempo que alentaba al Congreso a agilizar el proceso político contra los jueces corruptos de la Corte Suprema.

Progresivamente el país fue recuperando su pulso vital, aunque las cuestiones más espinosas que debía seguir tratando el gobierno de Kirchner estaban vinculadas con la deuda externa. Ante las draconianas exigencias del FMI, el presidente argentino respondió con inusitada firmeza logrando que este organismo y el G-15 reconocieran su tesis de que no habría pago de la deuda sin desarrollo. Al mismo tiempo, Kirchner emprendió una política exterior independiente de las directrices estadounidenses restableciendo relaciones con Cuba, negándose a enviar tropas a Irak sin mandato favorable de la ONU y oponiéndose a la política de Estados Unidos de subsidios agrícolas, así como a su pretensión de extender el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas) al continente y de que se les otorgase inmunidad diplomática a sus militares en territorio argentino.

Derechos humanos
A lo largo del mandato de Kirchner el llamado "efecto K" continuó produciendo notables cambios en la sociedad argentina y en sus instituciones. En el terreno de los derechos humanos, la voluntad del gobierno de adoptarlos como una prioridad marcó un punto de inflexión en la política llevada adelante desde el retorno de la democracia en 1983 y significó un paso decisivo en la lucha contra la impunidad. Además de la puesta en marcha de una profunda purga en las Fuerzas Armadas, la policía y los servicios de inteligencia implicados en las violaciones de los derechos humanos durante la dictadura militar, el gobierno acometió la renovación de la Corte Suprema de Justicia, duramente criticada durante el mandato de Carlos Menem por su sumisión frente al Ejecutivo. La medida, que fue aplaudida a nivel internacional como un paso positivo hacia la independencia del Poder Judicial, supuso la remoción de los miembros acusados de conformar una "mayoría automática" que siempre fallaba a favor del gobierno. Con la incorporación de mujeres, abogados garantistas y de centro-izquierda, se buscó equilibrar ideológicamente y por sexos la composición del organismo.

En junio de 2005, la nueva Corte declaró inconstitucionales las leyes de Punto Final y Obediencia Debida, aprobadas en 1986 y 1987. Su anulación permitió que se reactivaran las causas judiciales que involucran a centenares de militares, abriendo así la vía para juzgar los crímenes cometidos durante la dictadura. En 2006 se dictó la primera sentencia tras la derogación de estas leyes, que condenó a 25 años de prisión al represor Julio Simón por delitos de lesa humanidad. La decisión del gobierno de ceder el predio de la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), el principal centro de detención ilegal de la dictadura, para construir un Museo de la Memoria, fue aplaudida por la opinión pública.

La investigación de las violaciones a los derechos humanos durante el régimen militar siguió adelante, concretándose en la detención y condena de numerosos responsables. Pese al compromiso asumido por el gobierno de Kirchner, los fantasmas de la dictadura parecieron resurgir y la confianza de la ciudadanía sufrió un duro revés el 18 de septiembre de 2006, a raíz de la desaparición de Jorge Julio López, de quien no se halló rastro. Este trabajador de la construcción había testificado contra Miguel Etchecolatz, un alto mando de las fuerzas de seguridad cuando el país estaba bajo el gobierno militar, que había sido condenado a cadena perpetua. El 27 de diciembre del mismo año sufrió un destino similar Luis Gerez, tras testificar contra un ex policía acusado de crímenes de lesa humanidad. Afortunadamente, Gerez apareció vivo dos días después, pero con señales de haber sido torturado. El presidente Kirchner acusó del secuestro a elementos paramilitares y parapoliciales deseosos de amedrentar a la población.

Si bien hacia 2005 la prensa y la oposición destacaron algunos factores que empañaban la espectacular recuperación económica del país, como la conflictividad laboral, las tarifas de los servicios públicos o la inflación, estos problemas no fueron obstáculo para que la ciudadanía diera el apoyo a Kirchner en las elecciones legislativas celebradas en octubre de ese año, a fin de renovar la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. Planteados como un plebiscito en apoyo de la política gubernamental, los comicios constituyeron un claro aval a la gestión del presidente. Ya fuera solo o en alianza, el Frente para la Victoria obtuvo el 40 por ciento de los votos y consiguió sólidos triunfos en 16 de las 24 provincias. En la provincia de Buenos Aires, Cristina Fernández de Kirchner, esposa del presidente y primera candidata al Senado, obtuvo el 46 por ciento de los sufragios, sacando 26 puntos de ventaja sobre su rival, la también peronista Hilda Duhalde.

La recuperación económica
Kirchner estableció un frente común con Brasil para reflotar el Mercosur y renegoció el pago de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros internacionales en términos hasta entonces inéditos, logrando que, en febrero de 2004, en la XII Cumbre del G-15 celebrada en Venezuela, se reconociese la tesis de que la deuda internacional era impagable sin desarrollo. De acuerdo con esta línea de pensamiento, defendió, con el apoyo del Brasil del presidente Lula da Silva, la necesidad de una política continental común para tratar con la Unión Europea y Estados Unidos, oponiéndose a los intentos estadounidenses de imponer su propio mercado continental. El rechazo a la política comercial proteccionista de Estados Unidos y al ALCA se escenificó en la V Conferencia ministerial de la OMC, celebrada en Cancún (México) en septiembre de 2003, y en la IV Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en noviembre de 2005, en Mar del Plata.

Después de sacar al país de la cesación de pagos considerada la más grande de la historia económica mundial, uno de los mayores éxitos del gobierno fue la renegociación de la deuda externa con el FMI y otros organismos financieros, al realizarse en términos hasta entonces inéditos. La deuda con los acreedores privados ascendía a 81.800 millones de dólares, de los cuales, entre enero y febrero de 2005, se canjearon 62.200 millones, o sea el 76 por ciento del total de la deuda, con una quita de 27.700 millones sobre el valor nominal de la misma. Se trataba del mayor procedimiento de canje y con la más alta quita a los acreedores de la historia económica. El artífice de la exitosa operación fue el ministro de Economía, Roberto Lavagna, designado durante el gobierno de Eduardo Duhalde y confirmado en el cargo por Kirchner. No obstante, las crecientes discrepancias entre ambos culminaron en noviembre de 2005 con el desplazamiento de Lavagna y su reemplazo por Felisa Miceli, lo que no cambió las líneas de la política económica. En enero de 2006 el gobierno argentino pagó por anticipado el total de la deuda con el FMI, que ascendía a 9.530 millones de dólares, recurriendo a las reservas del Banco Central, que en ese momento sumaban más de 28.800 millones. La medida, destinada a ganar independencia política, fue duramente criticada por la oposición, pero un año después las reservas se habían recuperado e incluso superado.

El nuevo rumbo económico que había tomado el país al salir de la crisis se afianzó en los cuatro años de gobierno de Kirchner. Los logros de la política económica se tradujeron por un lado en un superávit comercial récord, gracias a las exportaciones que llegaron a su máximo histórico, y por otro, en una relativa mejora de los indicadores sociales. Después de la espectacular caída del PIB en 2002 de casi el 11 por ciento, en 2003 se experimentó una notable recuperación que alcanzó el 8,8 por ciento, debido sobre todo al crecimiento del consumo privado y de las exportaciones. Esta tendencia se consolidó en los años sucesivos.

Esta etapa de expansión se centró en el papel dinamizador de las exportaciones. Argentina volvió a exportar con ímpetu al exterior, especialmente a Brasil, México, Chile, Venezuela, Europa y China. En 2007 las exportaciones alcanzaban su tope histórico, al ascender a 55.301 millones de dólares, un 18 por ciento más que en 2006, y la balanza comercial acumulaba un saldo positivo de 11.400 millones de dólares, lo que representaba la duplicación de las ventas externas durante los años de gobierno de Kirchner. Aunque el núcleo de las exportaciones continúa integrado por los productos agropecuarios y agroindustriales, se fueron incrementando de forma relevante el papel de los bienes manufacturados, y, como elementos novedosos, del turismo receptivo y, en menor medida pero apuntando una tendencia interesante, de los servicios y productos informáticos y los profesionales y técnicos.

Los pilares de la recuperación económica fueron primordialmente el agro, la industria, la construcción y el sector financiero, alza que se vio acompañada por el empuje en la inversión privada. La reactivación impulsó a su vez la recuperación del mercado laboral: el número de trabajadores contratados aumentó especialmente en la actividad motora del crecimiento, la construcción, seguida por la industria metalúrgica, los hoteles y los servicios inmobiliarios. Si en mayo de 2002 la desocupación alcanzaba al 21,5 por ciento de la población económica activa, su máximo histórico, a partir del año 2003 comenzó a registrarse un ritmo de descenso importante. En 2007 el índice de desempleo había descendido al 8,7 por ciento.

Tras hacer pública su decisión de no postularse a la reelección presidencial, Néstor Kirchner cedió su plaza de candidato a su esposa, Cristina Fernández de Kirchner, quien ganó los comicios presidenciales de octubre de 2007 y se convirtió así en la primera presidenta electa de la Argentina. Entretanto, Kirchner intensificó su actividad en el seno del Partido Justicialista. En las elecciones legislativas celebradas el 28 de junio de 2009, Kirchner se presentó como primer candidato de la lista Frente Justicialista por la Victoria a diputado nacional por la provincia de Buenos Aires. Al conocerse la derrota sufrida por la formación, que sólo logró el 32,1 % de los votos, renunció a la presidencia del Partido Justicialista, cargo que reasumió el 10 de marzo de 2010, un mes después de ser operado por una afección en la arteria carótida. Kirchner, que no había descartado volver a presentarse como candidato a la presidencia de Argentina en los comicios de 2011, fue designado secretario general de la Unión de Naciones Suramericanas (UNASUR) el 4 de mayo de 2010, pocos meses antes de su fallecimiento.

Falleció Néstor Kirchner en El Calafate

El ex presidente falleció en El Calafate, antes de las 9:30, anticipó en exclusiva Infobae.com. El mandatario se encontraba con la presidente Cristina Kirchner en su casa. Su médico Luis Buonomo afirmó que tuvo una "muerte súbita". Tenía 60 años y marcó los últimos siete de la historia argentina.

El ex presidente Néstor Carlos Kirchner falleció en la mañana de hoy, miércoles, a los 60 años de edad en su casa de El Calafate, confirmó Infobae.com.

El mandatario murió como consecuencia de un paro cardíaco que sufrió antes de las 8:30 en su residencia de "Los Sauces", donde se encontraba junto a su mujer, la presidente Cristina Kirchner.

Kirchner fue trasladado de urgencia al sanatorio local "José Formenti" de esa localidad, donde intentaron reanimarlo.

El médico presidencial, Luis Buonomo, confirmó esta mañana a DyN que el ex mandatario Néstor Kirchner falleció a raíz de un episodio de "muerte súbita".

Por su parte, el gobierno de Santa Cruz confirmó hoy que los restos de Néstor Kirchner recibirán sepultura el viernes próximo en el cementerio municipal de Río Gallegos y convocó a la población a participar de las exequias.

El jefe de Gabinete provincial, Pablo González, señaló hoy en una conferencia de prensa que "el viernes, como fue el deseo de Néstor Kirchner, que gracias a Dios cambió el domicilio a Santa Cruz, va a regresar para descansar en su lugar".

"Llamamos a la gente de la provincia a que acompañe a Néstor Kirchner cuando se le dé cristiana sepultura en el cementerio de la ciudad de Río Gallegos", añadió.

Kirchner llegó a la Casa Rosada en 2003 cuando se impuso en la segunda vuelta electoral, ante la decisión de Carlos Menem de bajarse de la elección. El histórico dirigente de Santa Cruz se convirtió así en presidente de la Nación, cargo que ejerció desde el 25 de mayo de ese año hasta el diez de diciembre de 2007.

Al dejar su cargo en el Ejecutivo Nacional, Kirchner mantuvo un rol activo en la política nacional y asumió como titular de la fuerza. Actualmente, Néstor Kirchner se desempeñaba además como presidente de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
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