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Carlos Saúl Menem

Carlos Saúl Menem nació en Anillaco, provincia de La Rioja, el 2 de julio de 1930. Su padre, Saúl, oriundo de Siria, llegó a la Argentina en 1912 y su madre, Mohibe Akil, arribó a nuestro país algunos años después. Se casaron y establecieron su residencia en esa localidad riojana. El Presidente realizó sus estudios primarios y secundarios en su provincia natal y en 1950, al participar de un viaje de estudios a la Capital Federal, conoció al general Juan Domingo Perón y a su esposa, María Eva Duarte de Perón.

Inició la carrera de Derecho en la Universidad de Córdoba. En ese ámbito comenzó también su actividad política, impulsando en la facultad un movimiento de reivindicación de los caudillos federales.

Después de graduarse como abogado el 27 de julio de 1955, regresó a La Rioja y uno de sus primeros trabajos como profesional fue defender legalmente a presos políticos, encarcelados como consecuencia del golpe militar que derrocó al gobierno justicialista en septiembre de ese mismo año.

En 1956 fue detenido por razones políticas con motivo del frustrado intento de rebelión del general Juan José Valle. Un año más tarde fundó la Juventud Peronista de La Rioja y se convirtió en asesor legal de la Confederación General del Trabajo (CGT) en su provincia.

Fue postulado para senador nacional por el Partido Unión Popular en 1958 pero, al no contar con la edad mínima, su candidatura fue objetada. En 1962 fue elegido diputado provincial por el departamento de Castro Barros, al que pertenece Anillaco.

Sin embargo, un nuevo golpe militar, que en este caso destituyó al presidente Arturo Frondizi, le impidió desempeñar el cargo.

Al año siguiente fue precandidato a la gobernación de su provincia por primera vez. El justicialismo estaba proscripto y el general Perón envió desde España la orden de no participar en las elecciones mediante otros partidos.

Carlos Menem, entonces, retiró su postulación.
En 1964 viajó a Siria junto a sus padres y allí conoció a Zulema Fátima Yoma con quien se casó dos años después. En ese año también se entrevistó en Madrid con el líder justicialista en el exilio, en su carácter de titular de la Juventud Peronista de La Rioja.

El 11 de marzo de 1973 fue elegido gobernador de la provincia por primera vez, logrando el 67 por ciento de los votos. Un año más tarde, el 2 de julio de 1974, con motivo del fallecimiento del entonces presidente Perón, pronunció el discurso para despedir sus restos en nombre de todos los mandatarios provinciales.

En la madrugada del 24 de marzo de 1976 fue detenido por los militares que derrocaron al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón.

Permaneció encarcelado en distintos penales durante casi cinco años, hasta el 17 de febrero de 1981.
Con la restauración de la democracia, el pueblo de La Rioja volvió a elegirlo como gobernador el 30 de octubre de 1983 con el 54 por ciento de los sufragios. En 1987, con el 63 por ciento de los votos fue reelegido para un nuevo mandato.

El 9 de julio de 1988 el Dr. Menem se impuso al gobernador de la provincia de Buenos Aires, Antonio Cafiero, en las elecciones internas del partido Justicialista, que consagraron la fórmula presidencial para las elecciones nacionales. El 14 de mayo de 1989 el voto de los argentinos lo eligió para ocupar la Presidencia de la Nación. La Reforma Constitucional, llevada a cabo en 1994, permitió al presidente Carlos Menem postularse nuevamente para ocupar la Jefatura del Estado y el 14 de mayo de 1995 fue reelecto con el voto del 50 por ciento de los ciudadanos.

Secretos del día que mataron a Carlitos Menem

“El helicóptero chocó con los cables que cruzan la ruta, luego subió y volvió a caer. Pensé que se me venía encima”, aseguró en junio de 1995 Lorenzo Epifanio Siri, uno de los testigos de la caída de la aeronave en la que viajaba Menem Jr. y el primero en fallecer luego de declarar en la causa.

Eran las 11:40 hs aproximadamente cuando el helicóptero de Carlitos cayó a tierra, a la altura del Km 211,5 de la Ruta 9. El impacto produjo que la aeronave quedara destrozada e hizo que Silvio Oltra falleciera en el acto, a diferencia de Carlos Menem Jr. que fue retirado con vida de entre los restos del helicóptero.

Testigos directos del hecho han declarado en la causa que Carlitos se quejaba, hablaba, movía las manos y la cabeza. Fue en ese preciso momento cuando empezaron a juntarse los curiosos. Uno de ellos, Samuel Abeldaño, un camionero que casualmente estaba en el lugar, se metió debajo del helicóptero y cortó el cinturón de seguridad de Carlitos.

Inmediatamente después de sacarlo, se dieron cuenta de que estaba tragando sangre y optaron por colocarlo de costado, apoyando su cabeza en una chapa. Todavía no sabían de quien se trataba. En seguida lo trasladaron al Hospital San Felipe de la Ciudad de Ramallo, no sin antes dejar en el trayecto un inexplicable hueco de tiempo: casi 20 minutos dando vueltas sin sentido.

Según una fuente entrevistada oportunamente por este periodista, quienes manejaron la ambulancia, fueron personas vinculadas con Andrés Antonietti. Este punto es realmente interesante ya que, en relación al traslado de Menem Jr., ha quedado claro es que unos testimonios contradicen a otros y nadie se pone de acuerdo en el relato judicial de lo sucedido.

Hasta el día de hoy, por ejemplo, nadie ha explicado por qué se encontraba una ambulancia con personal de la Policía de Santiago del Estero esperando justo frente a la Estación de Servicio ESSO donde se encontraba el helicóptero y justo a la misma hora en la que se había atentado contra la vida del hijo del Presidente.
Esa ambulancia no contaba con los elementos mínimos necesarios para poder asistir a una víctima que evidenciaba síntomas tan graves como los que mostraba Carlitos. No contaba, por ejemplo, ni con cuello ortopédico, ni con oxígeno.

Y dónde está la custodia?
Fue en la misma mañana del nefasto 15 de marzo de 1995 que Carlitos se enteró que dos de sus custodios no iban a acompañarlo en su trayecto a Rosario.

Los oficiales Barcelona, Bauer y Noriega se dirigían —junto al hijo del Presidente— en un Renault 18 oscuro hacia la Residencia de Olivos. Fue durante ese trayecto que Junior supo que dos de ellos no iban a escoltarlo en el viaje a Santa Fé. Desconcertado y sin entender el por qué de tal decisión, se resignó al pensar que el destino había querido que las cosas fueran así.

A la Pathfinder negra en la que viajaría su jefe de custodia, se había sumado un automóvil Spirit blanco con tres oficiales más (que debían haber sido cuatro): Carlos Ruiz, Adolfo Vallejos y Héctor Rodríguez.

Los vehículos, ocupados por custodios y amigos de Carlitos, tenían la consigna de seguir al helicóptero por la Ruta Nacional Nº 9, tratando de permanecer siempre debajo del mismo e intercomunicándose por medio de Handys y celulares.

Al principio se manejaron tal como se había previsto pero, imprevistamente, ambos vehículos se detuvieron en un parador ubicado en el Km 191,5 de la Ruta, casi 20 Km antes de que el helicóptero se precipitara a tierra.
Según declararon posteriormente Oscar Barcelona y Cesar Perla, jefe de custodia y amigo personal de Carlos Menem Junior respectivamente, se detuvieron en la gomería El Pito para cambiar una goma de la camioneta de la custodia que —según ellos— poco antes había pinchado. En la misma declaración hicieron saber que pensaban volver a detenerse en la Estación de Servicio del Km 211.5 —justo frente donde cayó el helicóptero— para cargar combustible.

Suena totalmente absurdo que, tratándose de la vigilancia de alguien que venía siendo amenazado de muerte y que era ni más ni menos que el hijo del Presidente de la Nación, la custodia no haya tomado el recaudo de llenar el tanque de nafta para no tener que detenerse.

Respecto a la goma de la camioneta, nunca apareció la que estaba pinchada. Suena asimismo extraño que no hayan cambiado la cubierta los mismos custodios. Oscar Barcelona aseguró que esto había sido así porque habían perdido la llave de seguridad, cosa que fue desmentida por el encargado de la gomería, quien declaró que la misma se encontraba debajo del asiento trasero de la Pathfinder.

Es extraño que a pesar de las constantes contradicciones que se desprenden por parte de quienes debían acompañar a Carlitos, el recorrido de los autos que iban por tierra no haya sido investigado por los jueces en la causa. Ni siquiera frente a lo poco creíble de algunas afirmaciones que se han hecho en la causa. Por ejemplo, según el oficial Noriega, en el mismo momento que caía la aeronave, recibió por el “motorola” del Renault 18 un llamado del Oficial Ferrari (asignado a la custodia de Zulema Yoma) haciéndole conocer el trágico suceso, mientras que el Oficial Bauer aseguró que Ferrari les avisó que había habido un accidente cuando ya estaban en Olivos y que, previamente habían escuchado por la “motorola” un aviso de la caída del helicóptero en Ramallo, cuando estaban estacionados frente a un banco, pero no lo habían relacionado.

No llamó la atención de los investigadores que, a pesar de que Barcelona y Perla aseguraron que en la camioneta negra solo viajaron ellos dos, el encargado de la gomería y el propietario del parador “Bahamas”, ubicado a su lado, declararon que de la Pathfinder habían descendido tres personas.

Tampoco llamó la atención de las autoridades que se dijera que los ocupantes de la camioneta sólo llevaban un teléfono celular (propiedad de Cesar Perla) para comunicarse con el helicóptero, mientras que el responsable del parador afirmó que le había llamado la atención la cantidad de “aparatos de comunicación que llevaban”. Hay que agregar a lo dicho que desde el celular declarado sólo pudieron comunicarse una vez, siendo que tuvieron tal sucesión de percances durante el trayecto.

Contrariamente a lo dicho, en la declaración hecha por Noriega puede leerse que ni César Perla ni Barcelona tenían aparato celular.

Perla, sin embargo, ha insistido en afirmar que, momentos previos a la caída del helicóptero, se comunicó con Carlos Menem Junior vía teléfono celular.

Para empeorar la situación, el encargado del citado parador aseguró que el Spirit blanco —que llevaba a los otros tres custodios que acompañaban al helicóptero—, también detuvo su marcha y sus ocupantes se pusieron a charlar con la gente de la camioneta.

La custodia ha justificado esta extraña detención en la necesidad de “cambiar los cascos (para la carrera) de un automóvil a otro”, a pesar de que ambos autos se dirigían al mismo lugar de encuentro: Rosario. Estos supuestos cascos que provocaron esa tremenda y estúpida demora, pudieron verse en la filmación de los restos del helicóptero el mismo día de la tragedia, ya que los llevaba el mismísimo Carlitos en la aeronave.

En resumen, a diez años de ocurrido tan tremendo atentado, todavía no se pudo establecer con precisión que hicieron ese día los integrantes de la custodia. No se ha podido establecer la cantidad de personas que viajaban en cada automóvil ni quiénes eran.

Tampoco se sabe cuáles cuántos teléfonos celulares o equipos de comunicación poseían. Menos todavía la cantidad de llamados hubo ni a qué personas fueron realizados. Algo que hubiera sido sumamente sencillo de haberse utilizado el sistema Excalibur, que tan buen resultado dio en la investigación del asesinato de José Luis Cabezas.

Christian Sanz

El gobierno de Carlos Menem: organización política y estabilización económica

Con la llegada de Menem al gobierno cambiaron drásticamente las condiciones de la política y la economía argentinas, prolegómenos de una profunda transformación que marcaría los próximos años.

El viraje
El 8 de julio de 1989 Carlos Menem asumió como presidente en un clima de crisis e hiperinflación. Su gabinete sorprendió a todos los sectores: convocó a viejos políticos antiperonistas y a técnicos favorables al "ajuste", las privatizaciones y la apertura de la economía. Este viraje podría explicarse teniendo en cuenta tanto las difíciles condiciones en las que asumió, como las nuevas alianzas que lo sostendrían en el poder. En efecto, Menem se acercó a las asociaciones de empresarios, a fuerzas liberales como la Unión de Centro Democrático, el partido de Álvaro Alsogaray, y a algunos partidos provinciales. En el plano exterior, se alineó incondicionalmente con el gobierno de Estados Unidos de América.

A fines de1989, el flamante Presidente indultó a los comandantes responsables de violaciones a los derechos humanos, Jorge Videla, Eduardo Viola y Leopoldo Galtieri, junto con otros 220 militares y civiles, entre ellos, el líder montonero Mario Firmenich. El acuerdo que desembocó en el indulto rindió algunos frutos para su gestión, ya que, cuando el 3 de diciembre de 1990 se produjo una nueva sublevación carapintada liderada por Mohamed Alí Seineldín, las jerarquías del Ejército la reprimieron con violencia, dejando un saldo de 13 muertos y unos 200 heridos.


Una nueva política

Menem impuso una concentración del poder en su persona, similar a la que ya había impuesto en el gobierno de La Rioja: recortó la autonomía del Congreso y encolumnó a la Justicia. Las decisiones más importantes fueron tomadas sin el consenso del Congreso, a través de decretos de necesidad y urgencia. Muchos sindicalistas olvidaron sus prácticas combativas, para pasar a ser moderados administradores de los generosos fondos de las obras sociales.

Privatizaciones


Por iniciativa de los ministros Néstor Rapanelli, Erman González y Domingo Cavallo se desarrolló una política de privatizaciones de las empresas estatales: ferrocarriles, empresas de electricidad, teléfonos, gas, obras sanitarias y líneas aéreas, entre otras.
En algunos casos, las privatizaciones permitieron la incorporación de tecnología, mejorando el servicio y la eficiencia de las empresas; en tanto expulsaban mano de obra y ampliaban el número de desocupados. Aunque se sostuvo que buscaban la "libre competencia", las empresas privatizadas mantuvieron el sistema monopólico. Por otra parte, todas las privatizaciones fueron denunciadas por falta de transparencia y por corrupción.

El plan de Convertibilidad

Fue justamente después de uno de estos escándalos de corrupción, fruto de la denuncia de la Embajada de Estados Unidos, que Menem renovó su gabinete. En abril de 1991, llegó Domingo Cavallo a la cartera de Economía. El nuevo ministro instauró inmediatamente el plan de Convertibilidad, el "peso" tendría una paridad de "uno a uno" con el dólar, y esa paridad estaría garantizada por el Estado.
La llamada convertibilidad alcanzó algunos de sus objetivos: el producto bruto interno creció y la inflación dejó de ser un problema urgente, se logró la afluencia de capitales extranjeros, aunque no todos se incorporaron al sector productivo, y creció la capacidad de consumo de amplios sectores de la sociedad. Pero la balanza comercial producía repetidos déficits y también aumentaba la deuda externa, imprescindible para mantener la paridad del peso y para equilibrar los crecientes gastos fiscales. El bajo costo del dólar permitió la llegada de un aluvión de productos importados, de todo tipo y diversa procedencia, lo que provocó que las industrias locales fueran cerrando sus puertas y, en consecuencia, una creciente desocupación.


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